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El Efecto Espejo y los perros

    Tiempo de lectura: 4 minutos

    Lo que vemos en nuestros perros es una proyección de nuestros pensamientos. Es decir, no vemos verdaderamente lo que ocurre, sino lo que está en nuestra mente. Por eso, una misma situación es interpretada de múltiples maneras según la persona que la observa.

    Por ejemplo, la persona A ve a un perro que gruñe y simplemente piensa que es algo natural, que el perro se ha enfadado y simplemente le está pidiendo espacio, así que se aparta, le pide perdón y se olvida del tema. En cambio, la persona B vive la misma situación, y piensa que el perro es malo y que le ha querido atacar, entonces la persona también se enfada, le dice que eso no se hace y se queda con resentimiento.

    La percepción que tiene A y la que tiene B de la misma situación, lo cambia absolutamente todo.

    En términos físicos, el perro de A vivirá tranquilo, feliz y en paz, sabiendo que puede comunicar sus emociones, que se confía en él y que se le respeta. En cambio, el perro de B, empezará a reprimir el enfado, esto hará que se sienta estresado por no poder comunicarse. El enfado en sí no desaparecerá, sino que, probablemente, la única alternativa que tendrá para expresarlo en el futuro será mordiendo agresivamente o desarrollando algún síntoma físico.

    Entonces la persona B, tendrá dos opciones: seguir pensando que el problema lo tiene el perro o darse cuenta de que hay algo en ella que habría que revisar.

    Pero esto, tan solo es una pincelada de lo que hay detrás del efecto-espejo. A mayor observación y presencia, mayor será tu estado de consciencia de lo que tu perro te está diciendo.

    Más allá del efecto-espejo

    Si nos quedamos solamente con esta información, no vamos a lograr nada. Se trata de profundizar un poco más…

    ¿Por qué A se toma la situación de una forma y B de otra? ¿Cuál es la diferencia entre A y B?
    Muy sencillo, A vive con pensamientos de Amor y B vive con pensamientos de miedo.

    Aquí siempre debemos ir hacia dentro de nosotros, dejando a un lado lo que se nos ha enseñado en la familia, en el colegio o donde sea.

    La persona A no tiene ningún problema, no se siente mal y, por lo tanto, su perro tampoco. Piensa con el corazón.
    La persona B sí tiene un problema y, esto es lo más importante: el problema no es con su perro, ¡es consigo misma! Ha dejado infiltrar el miedo en sus pensamientos. Se siente mal en algún aspecto de su vida y, por lo tanto, su perro también.

    ¿Qué es lo que realmente enfada a la persona B?
    No es lo que hace su perro, sino su propio miedo a expresar las emociones en otras áreas de su vida 🤯

    Esta persona no se da cuenta de que tiene miedo y que lo proyecta en los demás. En este caso en concreto, la agresión de su perro podría estar reflejando su incapacidad de poner límites.

    ¿Por qué ocurre esto?

    Porque no nos permitimos ser quiénes Somos; trabajamos en algo que no nos apasiona, no escuchamos a nuestro cuerpo y a nuestras emociones, no nos sabemos comunicar, mantenemos relaciones en nuestra vida que no queremos, etc.

    ¿Cómo no vamos a tener miedo, tristeza o ira hacia nosotros mismos?

    Pero, no nos damos cuenta, seguimos en piloto automático porque así nos han programado desde pequeñitos.
    Hasta que algo sucede. ¡Nuestros animales nos lo muestran!

    Son grandes detectores de Incoherencia, y nos avisarán con su comportamiento, emociones o síntomas físicos. Nos guste o no.

    Ellos no deberían sentirse mal, ¡ni nosotros tampoco! No es nuestra naturaleza. Lo normal es estar alegre, feliz y en paz. Si no lo estamos, ¡tenemos que empezar a cambiarlo!

    Por eso, las sesiones conmigo van mucho más allá de la Comunicación Animal. Aprendemos a pensar solo con aquellos pensamientos que nos aportan felicidad, es decir, con el Amor, y la vida nos empieza a ir mejor.

    La Comunicación Animal es un medio para recuperar la paz que nos corresponde por naturaleza, tanto en ellos como en nosotros.

    Un último secreto…

    ¿Sabes a qué le tienes miedo realmente? Al Amor.

    Cuando te amas de verdad, dejas de trabajar en algo que no te apasiona y buscas tu propósito, empiezas a escuchar a tu cuerpo y a tus emociones, aprendes a comunicarte desde el corazón, sueltas relaciones que no te benefician y empiezas a crear vínculos basados en el Amor de forma totalmente desinteresada. ¡Solo para amar, experimentar y divertirte! Como los perros.

    Desde ese Amor y Respeto propio, se puede empezar a amar a los demás, incluido a tu perro.

    Tu perro deja de ser TU perro y pasa a ser UN perro, como cualquier otro. Lo amas igual que a cualquier otro. No hay posesión, no hay distinciones. Lo mismo con las personas; dejas de decir MI madre, MI padre, MIS hermanos. Ahora todo el mundo es igual. NO hay distinciones. Todos somos Personas. Porque te das cuenta que tú eres el otro. Eres Todos.

    ¿Cómo ibas a amar solo una parte de ti?

    Esto es el Amor Incondicional. Pero primero pasa por ti. Los demás no tienen nada que ver en esto. Aprende tú primero.

    Si quieres aprender a hacerlo, puedes reservar una sesión conmigo y empezar a abrir ese corazoncito poco a poco y descubrir el gran Amor que hay dentro de todos nosotros.

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